Los sesgos cognitivos son ‘errores mentales’ causados por las estrategias que nuestro cerebro usa para simplificar el procesado de información. Los analistas de inteligencia no se ven exentos de estas 'trampas' que impiden comprender el entorno. Controlar los prejuicios y estereotipos nos permitirá ser más objetivos y, por tanto, mejorar nuestras opiniones y análisis, así como la toma de decisiones. En este post conocerás cómo sortear los sesgos que nublan la capacidad de prevenir y racionalizar tus análisis y decisiones.
Los analistas de inteligencia se caracterizan por dar
respuestas a preguntas que acostumbran a ser complejas y que, en muchas
ocasiones, ni el propio analista es capaz de solventar únicamente con sus
conocimientos. Es entonces cuando se ha de poner en marcha el proceso
denominado 'Ciclo de inteligencia'.
Hasta aquí queda claro que la principal
herramienta de manejo de la información del analista de inteligencia es su
propio cerebro. Pero, ¿es posible sacar el máximo partido a nuestro cerebro
para que trabaje de la forma más correcta?
La respuesta es afirmativa. ¿Cómo podemos
conseguirlo? Entrenando y trabajando la incidencia de los esquemas
mentales y los sesgos cognitivos.
Estos errores cognitivos se transforman en prejuicios, estereotipos o asociaciones y son utilizados por aquellas personas, organizaciones o partidos políticos que pretenden convencernos, persuadirnos o manipularnos.
¿Quién no ha visto alguna vez una ilusión óptica y aun
habiéndose dado cuenta del error en un momento dado, tendió a caer de nuevo
tiempo después? Los sesgos cognitivos persisten al igual que una
ilusión óptica y condicionan nuestros intereses, decisiones e incluso acciones.
De ahí la importancia de:
1. Conocer cuáles son nuestros propios
sesgos.
2. Descubrir cuáles son los sesgos
de nuestras fuentes de información.
3. Averiguar cuáles son los sesgos de
las personas u organizaciones de nuestro entorno, especialmente si tratan de
convencernos o persuadirnos.
4. Entrenar y trabajar las
técnicas para reducir los propios sesgos, desarrollando un pensamiento
crítico y mentalidad analítica para evitar que nos manipulen.
Evitar los Sesgos Cognitivos
Como hemos mencionado anteriormente, no podemos evitar
completamente los sesgos cognitivos ni los esquemas mentales. Si bien
nunca podremos aspirar a la objetividad absoluta, sí que podemos emplear
ciertas técnicas que nos ayudarán a conseguir la máxima objetividad.
Simplifica la hipótesis lo máximo posible
En primer lugar, debemos tener en cuenta que la
objetividad se conseguirá siempre con un margen de error a través de la
creación de hipótesis o la asunción de hechos muy básicos. Si se crean
hipótesis y se intentan hacer lo más sencillas, racionales y explícitas
posible, se reducirá la probabilidad de que los sesgos o esquemas mentales puedan
alterar el resultado. Posteriormente, el siguiente paso consistirá en que,
junto con otros analistas, se intenten validar o refutar las hipótesis.
Trabaja en equipo
En línea con lo anterior, debemos tener en cuenta
que, si el análisis lo hace una sola persona, lo más probable es que
incorporemos errores producidos por los sesgos y, además, con juicios
influenciados por los propios esquemas mentales. El trabajo en equipo, por
tanto, hace que los que participan en un determinado análisis se complementen y
mejoren el resultado final.
Multidisciplinariedad
Cuanto más multidisciplinar sea un analista o un
equipo de personas, menos afectarán los sesgos y esquemas mentales ya
que se podrán tener en cuenta multitud de puntos de vista diferentes.
Usa técnicas de análisis estructurado
Existen determinadas técnicas que contribuyen y
facilitan la objetividad. Estas técnicas requieren de entrenamiento y práctica,
pero permiten tener en cuenta variables que, sin ellas, sería difícil tener en
cuenta y, por tanto, alejan la afectación posible de los sesgos cognitivos y
esquemas mentales.
Combina tecnología con analistas
La inteligencia artificial, el data mining y
cualquier otro sistema que permita analizar la información desde un punto de
vista computacional, facilita que el analista pueda centrarse en otras tareas
que requieran incondicionalmente la presencia y participación humana.